Los muertos han llegado a Oaxaca
-Julisa Domínguez
Es 02 de noviembre de 2021, una de
las máximas festividades de México ha llegado ya, y entre calendas y bandas,
hay personas llorando por las personas que ya no se encuentran más. En Oaxaca
el día de muertos no es solo un día, se comienzan los preparativos desde una
semana antes. En las escuelas los pequeños comienzan a disfrazarse y a adornar
las casas por fuera también. Entre calaveras y flores, la festividad comienza
ya.
Se ha vuelto una costumbre no solo
preparar y adornar el altar con cempasúchil, sino también con la flor llamada
nube, que con su hermoso color púrpura, se pone en el altar para recibir las
almas más puras del 1° de noviembre. En conjunto, ambas flores proporcionan una
gran nostalgia, y un olor identificable a metros. El día de muertos no solo se
conmemora a favor de los que ya no están, sino que también se huele, se siente
y se ve.
El incienso nos da un olor de paz, y
le da la bienvenida a los fieles difuntos, quienes vienen desde muy lejos y
recorren el camino de cempasúchil hasta llegar al altar.
Al llegar al altar, los niños
comienzan a comer sus calaveritas, algunos dulces y ven con mucho amor las
fotografías que alcanzaron sus padres a tomarles; otros no llegaron a tomarles
fotos, pero sienten el cariño de sus padres. Mientras tanto, el día 2 noviembre,
los adultos comen el mole con su respectivo ajonjolí, hay hasta 3 tipos de
moles, por sí quieren probar de todos o del que más les gustaba en vida, porque
no puede falta el negro, rojo o coloradito.
También hay mandarinas, para niños y
adultos, cacahuates y menguanitos. Para bebidas hay de 3; o te tomas el
chocolate de cacao o una cervecita que te ponen; para los niños incluso hasta
agüita les ponen, y su pancito, porque sin pan de Oaxaca nadie se va contento.
Las calaveritas se ponen en los panes, y se los dan a los angelitos que
vinieron.
Mientras tanto, en la tierra de los
vivos, los adultos se reúnen, la celebración y bienvenida a los fieles difuntos
se debe hacer en familia, ya sea que los de la ciudad se trasladan al pueblo, o
viceversa, pero en todo caso, deben llevar sus panes en cajas de huevo, porque
no puede hacer falta una gran cantidad de pan y en bolsas no caben. El olor de pan de yema inunda las calles de
Oaxaca, se pueden visualizar los puestos en cada esquina, y hay de diferentes tamaños
y sabores.
De igual forma, los catrines se
pueden ver en cada casa y local, no hay quien se resista a adornar sus
ventanas. Sobre todo en el centro de la capital oaxaqueña, la cual capitalizada
se ha visto cada año más adornada, con grandes murales y cientos de altares.
Las calles se han llenado de turistas, blancos y mezclados; vagan entre las
avenidas con sus diademas de flores y sus caras pintadas. A pesar de seguir en
pandemia, y que se han restringido los eventos, en Oaxaca el día de muertos se
ha conmemorado.
Las llamadas comparsas al ritmo de la
banda misteriosa han celebrado, y los vivos y difuntos han bailado, y juntos
han amanecido.
Oaxaca, un lugar de tradiciones y
cultura, pero si a Oaxaca quieres visitar, te invito a que en muertos tú debas
venir, porque ni “Coco” ni Disney pueden igualar tal esplendor.
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